15 IDEAS PARA CAMBIAR EL BOWLING EN ESPAÑA


I) Una Liga Juvenil

En España, los niños que quieren jugar a los bolos lo tienen difícil. Muy difícil. Pero peor lo tiene el bowling en sí, pues un deporte sin cantera es un deporte muerto.

Una de las peculiaridades del bowling español es que su crecimiento se debe, sobre todo, a adultos. Que a un deporte puedan apuntarse personas de 20, 30 o 40 años por primera vez es algo realmente fantástico, estupendo. Creo que no lo valoramos lo suficiente, pero también es síntoma de un modelo incompleto y totalmente diferente al de la mayoría de los deportes.

En España la cantidad de niños que empieza a jugar a los bolos es minúscula, sobre todo en términos relativos si lo comparamos con la cantidad de ellos que acuden, por diversión, los fines de semana a las boleras. Y ese es un handicap notable. Además, de los que lo hacen, un enorme porcentaje es de hijos de adultos que ya lo practican.

¿Por qué no hay niños en los bolos y sí en gimnasia rítmica, baile, esgrima o balonmano? Sin duda, sus federaciones son más potentes que la de bolos, pero no es la única causa. Si los niños no juegan a los bolos es porque... ¡no tienen a lo que jugar!

Miles y miles de críos pisan una bolera cada fin de semana. Con padres, familiares o amigos pasan un muy buen rato, se divierten y, seguramente, estarían encantados de poder jugar más a menudo, de aprender e incluso de competir. Pero no pueden.

En España, prácticamente no hay atención para niños en las boleras, no hay escuelas para niños y, sobre todo, no hay torneos para niños.

¿Cómo se puede aficionar a un deporte si no puede practicarlo, si no puede competir? Especialmente si hablamos de niñas, el bien más escaso de nuestra disciplina.

Cualquier practicante de tenis, fútbol, baloncesto o golf puede, desde los 8 ó 9 años, federarse, apuntarse a un club y jugar. Es decir, ir dos veces por semana a entrenar después del cole y luego jugar partidos los fines de semana contra otros niños u otros colegios.

Yo lo he hecho en tenis, en judo, en fútbol, en fútbol sala o en baloncesto, pero casi nunca en bolos.

¿Casi? ¿He dicho casi? Sí, casi, porque hubo una época en la que no fue así.


La Liga Juvenil Europea


En 1996-97, cuando empecé a jugar a los bolos, los chicos de Madrid y Barcelona tenían una opción que no se ha vuelto a repetir desde entonces: la Liga Juvenil Europea

La Liga Juvenil Europea, como bien indica su nombre, era una competición para jóvenes (menores de 19 años, si no recuerdo mal) que se desarrolló durante años en las boleras de Vaguada y Azca (Madrid), en otra AMF en Barcelona y en más ciudades europeas.

Su funcionamiento era muy simple: s establecían diferentes categorías en función de la edad de los participantes y se eligió un formato fácil. Cada domingo se jugaban tres o cuatro partidas a scratch. Los jugadores de cada categoría se colocaban juntos en los mismos pares de pistas.

Si un chaval, por cualquier razón, no podría jugar una jornada en el fin de semana que correspondía, siempre podía recuperar las partidas. Bien el fin de semana siguiente (o anterior, creo), bien durante la semana jugando solo .

La competición tenía lugar, a la vez, en distintas ciudades de Europa. Así, durante muchas semanas, durante toda la temporada.

Al acabar el año, los mejores de cada categoría ganaban material deportivo (no dinero) y disputaban, a nivel europeo, una final. Cada año en un lugar diferente.

El coste:

- En dinero: una pequeña inscripción y unos 6 euros por jugador y jornada

- Los jugadores apuntaban sus partidas y la bolera, luego, se encargaba de imprimirlas y compararlas con lo que marcaban los ordenadores. Para hacer cambios de puntuación, ciclado de máquinas, retirado de bolos del carril, etc había que avisar siempre a los encargados

- No había jueces: las responsables del control de la bolera se encargan de los cambios en la puntuación y los padres de los niños se "vigilaban" mutuamente.

- La única tarea administrativa (hacer las listas de promedios semanales) corría por cuenta de la bolera, que no invertía más de ..¿10? minutos por semana para llevarlo todo al día.


Los beneficios:

a) la bolera ofrecía a los participantes de la Liga precios especiales para jugar durante la semana (en su momento, 225 pesetas por partida, partidas gratis, bolas de prueba gratuitas)

b) Una competición regular, sin handicap, y siempre con y contra gente de la misma edad

c) la bolera ganaba clientes muy fieles que acudían con regularidad a entrenar y comprar material en el pro-shop. Los padres, durante los entrenamientos y las competiciones, desayunaban, tomaban cafés y comían en la bolera.

d) Muchos niños, viendo la publicidad en las paredes, los descuentos y a otros niños tirando con efecto querían participar y atraían a sus amigos o vecinos.

De esa Liga, desaparecida con Vaguada, salieron un buen número de jugadores que ahora, en edad madura, son de los mejores del país: Erwin Pascual, Javier Moreno, Daniel Machón o Pacorro, por ejemplo.

Muchos otros seguimos activos en el bowling (David Barrio, Tamara Veiga, yo mismo); otros lo dejaron más tarde, pero después de llegar a la selección española (Gonzalo García) o de ganar torneos nacionales (Rodrigo Llanos)


Fácil y rápido

Montar una Liga de esas características es muy barato y apenas requiere esfuerzos extra. Bastaría con hablar con algunas boleras de cada ciudad, plantearlo, explicar los beneficios para ellos y que aceptaran reservar unas pocas pistas para niños los fines de semana.

Un sábado por la mañana, por ejemplo. Lo ideal es que los horarios no coincidan con posibles campeonatos de los padres. En Madrid, por ejemplo, con las Ligas Territoriales que llenan las boleras los domingos.

Si fuese un sábado, los hijos podrían jugar su Liga mientras los padres les miran, van a dar una vuelta o incluso entrenan ellos mismos en otras pistas a la vez.

Para cambiar el bowling en España, este sería un primer pasado fundamental. Los Rascadores lo hemos pensado varias veces, pero ninguno de nosotros puede ahora mismo (por trabajo, competiciones, familias) garantizar una cantidad determinada de sábados o domingos libres para gestionar el campeonato

Pero estamos seguros de que, por ejemplo, la AECB podría hacer que funcionase. E incluso un padre con hijo en edad de jugar y la suficiente predisposición. No hacen falta 50 niños por categoría. Con lograr 7 u 8 en la primera edición se conseguiría una participación fundamental de cara al futuro.


Los lunes, a la bolera!

Sin embargo, una Liga de este tipo no es suficiente. En Madrid, hace una década, los jóvenes teníamos la oportunidad de jugar unos cuantos circuitos (una vez al mes o así) en diferentes boleras, la Liga Juvenil, las ligas territoriales de equipo en las categorías inferiores e incluso algún Campeonato de España.

La participación no era multitudinaria, no nos engañemos, pero los fijos éramos un buen número. Un grupo que, además, se daba cita siempre los lunes por la tarde en La Vaguada.

Allí, Paco López daba clases prácticamente gratuitas, y cada semana nos encontrábamos, entre niños y adultos, decenas de jugadores.

Las clases, por motivos evidentes, no eran el objetivo primordial. Pero entre juegos y diversión, cada vez aprendíamos más, crecía el amor por el juego y nos enganchábamos un poco más.

Si yo juego, y sigo jugando a los bolos, es el gran medida por esos lunes y por Paco. Y como yo, muchos otros.

De la experiencia incluso se crearon clubes de padres, cansados de ir sólo a mirar.

La próxima generación de jugadores tiene ahora la edad justa para empezar. Sólo necesitan para ello una Liga semanal, pues competir, de pascuas a ramos, y sólo contra adultos, no es la mejor opción.

Es algo que se puede hacer en cualquier ciudad, en cualquier bolera. Sólo necesitas elegir un día y una hora razonables (pensando en los padres, las distancias, otras ligas). Establecer un calendario que sea sensato (ni demasiadas jornadas ni pocas, que no coincida con exámenes) y conseguir que alguien supervise cada jornada.

Lo ideal sería una especie de monitor, que mientras controla las puntuaciones de los mayores enseñe las nociones básicas a los más pequeños.

Además, hay que delimitar las categorías teniendo en cuenta que a ciertas edades un año de diferencia supone una evolución física más notable que a otras, por lo que no es igual que niños de 16 y 18 jueguen juntos que que lo hagan chavales de 6 y 8.

Sinceramente, creo que es una de las acciones más necesarias, más urgentes y sin duda la que proporcionará un mayor bien en función a la relación coste/ganancia.

Pensar en los más pequeños sería un paso insignificante, en tiempo y dinero, para nosotros pero uno enorme para el futuro.