15 IDEAS PARA CAMBIAR EL BOWLING EN ESPAÑA



III) Monitores para las boleras

 

Nuestra propuesta de hoy no es original, en el sentido de que ya la hemos planteado muchas veces, en público y privado, pero sí novedosa, puesto que por desgracia nunca se ha llevado a la práctica: hacen falta monitores de bowling en las boleras.

El bowling es una actividad peculiar, puesto que tiene, al mismo tiempo, un componente lúdico y otro deportivo. Es decir: dos personas, ejecutando movimientos similares, pueden tener finalidades completamente diferentes.

Muchas veces, las personas que llevamos un tiempo jugando olvidamos ese factor, y ese olvido tiene consecuencias.

Cada semana, y en especial cada fin de semana, miles de personas llenan las boleras de toda España. Miles de jugadores potenciales de bolos. Hagamos una estimación conservadora. Pongamos que cada semana, sólo 5.000 personas juegan a los bolos en todo el país. Si lográsemos que sólo un 0,1% de ellas se aficionase al bowling, en un año, cada año, podríamos incorporar más de 250 practicantes.

Teniendo en cuenta que en España tendremos unas 1.500 licencias entre AECB y FEB (más las de territoriales), es un crecimiento anual de más del 10%. Nada desdeñable.

¿Cómo se puede captar más gente? Bueno, imagino que las posibles respuestas son muchas. Entraríamos en cuestiones de marketing, publicidad, venta y otros campos que me son bastante ajenos.

Por ello, mi propuesta es más “deportiva” y se centra en ámbitos que conozco mejor.

Cuando jugadores recreacionales (llamemos así a lo que las instalaciones denominan “público”) acuden a una bolera en la que hay jugadores entrenando, es frecuente que se queden mirando. Si entre los jugadores hay alguno con mucha curva y/o velocidad, es común que se formen corrillos detrás de las pistas con gente muy sorprendida y atraída por los efectos y el derribo de los bolos.

Sin embargo, esa fascinación casi nunca se traduce en nada más. Por ello, mi propuesta es que los organismos españoles intercedan con las instalaciones para instaurar la figura del monitor de bowling.

Un monitor no es lo mismo que un profesor, un entrenador o un coach. Un monitor es una persona, un jugador, que estaría en las boleras con funciones variadas. Por ejemplo:

  1. Enseñar las nociones básicas al público, a petición del mismo o incluso "de oficio"
  2. Atender a grupos de niños mientras sus padres observan. Una mezcla de canguro e instructor de bolos
  3. Hacer alguna pequeña exhibición de tiros, de cómo se puede girar, de dar mucha curva
  4. Resolver dudas básicas
  5. Explicar al público que el bowling es un deporte, que es divertido, que hay ligas, escuelas, etc

 

Cada bolera, ciudad o monitor podría establecer las condiciones exactas. El objetivo es aprovechar una base enorme, multitudinaria, para generara más jugadores y aumentar la afición. El sistema podría funcionar de formas diferentes. Si yo fuera una instalación, trataría de poner mis propios monitores, pues por un coste basta pequeño podría tener a alguien que captase a jugadores regulares.

Yo empecé en el bowling así. Yendo por primera vez en una Semana Santa con mi padre y hermanos (con 15 o 16 años), divirtiéndome y viendo que había gente capaz de tirar con curva y derribar más bolos.

Una semana después, en un puente, a la pregunta de mi padre de ¿qué queréis hacer, vamos al cine? Mi respuesta fue clara: no, no, a la bolera. Y desde entonces no he vuelto a salir de ella.

La figura de un monitor ofrece notables ventajas.

Para el público, porque tienen a alguien que conoce el juego y puede dar unos cuantos consejos, corregir errores graves y prevenir posibles lesiones. Además, con unas nociones mínimas, el bowling se hace mucho más divertido. No nos engañemos: tirar la bola al carril siempre es un coñazo

Para el bowling, pues es más probable captar aficionados si alguien dedica su tiempo y esfuerzo a la divulgación.

Para el monitor, pues saca algo de dinero haciendo algo que le gusta. Al pensar en un monitor, hablo sobre todo de alguien joven. De chicos o chicas de 17 a 20 años dispuestos a pasar algunas tardes en la bolera a cambio de un sueldo bajo.

Pongamos, por decir algo, 30, 40 ó 50 euros por unas horas del sábado o del domingo. Para un adulto o alguien con un trabajo quizás la propuesta de trabajar sábado y domingo por 60 70 euros no sean muy tentadora. Pero para un estudiante sin ingresos y con gastos es seguramente mucho más sugerente que estar en un McDonald’s

Para las boleras: porque por un precio muy reducido tienen a una persona más atendiendo al público, no pagan seguridad social, no tienen que hacer contratos, fidelizan a más clientes, etc.

La propuesta de los monitores es, como podéis ver, bastante flexible. No es que no esté bien pensada o elaborada (que quizás sí), sino que se puede y debe adaptar a cada circunstancia.

Un monitor puede ser una persona joven o un adulto. Puede ser un entrenador muy cualificado, pero para esa tarea concreta no es necesaria una formación completa. Puede estar disponible en todas las boleras o en algunas, todos los fines de semana o en fechas concretas. Puede cobrar de la bolera o recibir una parte de las federaciones o asociaciones por su tarea divulgadora y formativa, etc.

Eso sí, un monitor debe cumplir ciertos requisitos:

  1. Preferiblemente será un jugador y podrá tirar con cierto “estilo” , por si tiene que hacer demostración o exhibiciones
  2. Puede ser un entrenador titulado
  3. Si no es un entrenador titulado, necesitará superar un curso de “capacitación” con las nociones básicas de lo que debe enseñar, a quién y en qué orden. Por ello deben ser los organismos los que medien con las instalaciones y ofrezcan a sus monitores titulados.
  4. Debe de ser una persona extrovertida, capaz de interactuar con mucha gente y grupos muy heterogéneos de clientes
  5. Debe disponer de tiempo y tener predisposición

 

Se podrá argumentar que las boleras no tienen interés en algo así y por ello no querrán hacerlo. O incluso que si no lo han hecho, por algo será.

Sin embargo, este artículo, esta serie de artículos, no está pensado para las boleras ni desde un punto de vista lucrativo, sino desde uno deportivo. Mi interés al escribir estas ideas está en el bowling, no en el negocio.

Por ello, si las boleras no lo hacen motu propio, pero pensamos que tiene sentido, entonces tendremos que ser nosotros los que lo movamos.

Que sea la AECB, la FEB, las territoriales o un grupo de amigos. Que estudien la bolera, piensen en personas formadas, estudien la mejor forma de captar jugadores y le llevan una propuesta muy mascada a las instalaciones.

En los negocios, las ideas abstractas no suelen cuajar. Lo mejor es presentar a la bolera un proyecto estudiado: tal persona, tantas horas, tantos euros, tantas funciones. Si aceptan, perfecto, habremos dado el primer paso. Si no aceptan, tendremos tres opciones. Buscar otra bolera, rendirnos, o saber en qué ha fallado el planteamiento.

En otros países a los que he ido a jugar, se ven carteles en las boleras anunciando profesores, monitores, clases de introducción al bowling, etc.

¿Cuántas veces una persona del público, un jugador recreacional, os ha preguntado cómo se hace eso del efecto? ¿Cuántas veces le habéis dedicado un buen rato a explicárselo?

Ahora pensad en qué hubiera podido pasar si hubiese un monitor en la bolera al que remitirle y que le enseñase. Pero también pensad... ¿habría hoy un jugador más en el bowling si le hubiese dedicado cinco minutos de mi tiempo?